5 monumentos coloniales que te dejarán boquiabierto

La arquitectura colonial es uno de los principales legados históricos y culturales de México. Durante más de tres siglos de ocupación española, las ciudades coloniales fueron el lienzo donde se expresaron corrientes artísticas como el Barroco y el Churrigueresco, las cuales quedaron plasmadas en las fachadas y la ornamentación de conventos, casonas e iglesias. Muchas de estas construcciones son hoy en día monumentos nacionales cuya belleza te dejará deslumbrado. Aquí te presentamos 5 de las más bellas.

5 monumentos coloniales que te dejarán boquiabierto

Fuente: Capilla del Rosario, Puebla / Foto por Kiev M.

Capilla del Rosario

La Capilla del Rosario se encuentra anexa al Templo de Santo Domingo, en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla.

Su construcción data del siglo XVII, época durante la cual, la Orden Dominica se hacía cargo de ella. Aunque el templo en donde se encuentra luce una fachada sobria, la sorpresa es mayúscula al ingresar, pues se tiene la sensación de entrar en una bóveda repleta de oro y piedras preciosas; no es casualidad que muchos consideren a esta capilla la octava maravilla del mundo.

Las paredes y techo están recubiertas con figuras de querubines, cuyos rostros son todos diferentes. Las paredes están tapizadas, casi en su totalidad, por láminas de oro de 22 quilates y al centro de la capilla puede observarse un impresionante sagrario con detalles de plata y ónix donde yace la imagen de la Virgen del Rosario.

Templo de Santo Domingo de Guzmán

Sin duda, el Templo de Santo Domingo de Guzmán se encuentra entre los ejemplos más notables de la arquitectura colonial. Este monumento, orgullo de la ciudad de Oaxaca, es una agasajo para la mirada; su decoración interior está tan llena de detalles que a veces es imposible capturar a primera vista los gestos de decenas de querubines y personajes bíblicos que cubren el techo y las paredes del templo, en donde el destello del oro que recubre gran parte de sus paredes, se magnifica con la entrada de los rayos del sol a través de sus ventanales.

Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán

Esta basílica es una de los monumentos arquitectónicos más notables de la ciudad de Tlaxcala. Fue construida en 1687 y a primera vista llama la atención su hermosa fachada de argamasa blanca en donde sobresalen esculturas la Mujer del Apocalipsis custodiada por siete arcángeles. 

Pero el asombro no termina ahí, pues la basílica tiene un secreto muy bien guardado detrás de su altar principal: el Camarín de la Virgen, el sitio en donde se resguarda la imagen de Nuestra Señora de Ocotlán.

La decoración del Camarín es una de las muestras de arte novohispano más excelsas y exquisitas. Su autor es Francisco Miguel Tloyoltehuanintzi, un artista indígena que supo fusionar lo mejor del arte barroco y las técnicas escultóricas prehispánicas. 

La ornamentación es espectacular, más aún si nos referimos a su techo abovedado, en donde literalmente parece que se abre el cielo ante la mirada de decenas de esculturas religiosas incrustadas en el techo entre las que sobresalen las imágenes de los doce Apóstoles. 

Santuario de Atotonilco

A 14 kilómetros de San Miguel de Allende se encuentra lo que muchos consideran la Capilla Sixtina mexicana. Se trata del Santuario de Atotonilco, una edificación del siglo XVII que resguarda en su interior algunos de los murales más bellos del arte novohispano.

Prácticamente, todo el interior del santuario se encuentran decorado por murales que recrean escenas cristianas, a tal punto que es casi imposible ver un espacio en blanco tanto en el techo como en las paredes. El santuario está inscrito como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco 

Iglesia de San Francisco Javier

La iglesia de San Francisco Javier se encuentra dentro del actual Museo Nacional del Virreinato, en Tepotzotlán, Estado de México. Mientras estaba en funciones, al iglesia formaba parte del ex Colegio Jesuita de San Francisco Javier.

La belleza de su decoración interior y exterior es admirable. Posee diez imponentes retablos bañados en oro, cuyos autores son el pintor Miguel Cabrera y el escultor Higinio Chávez, quienes colaboraron para concebir esta obra de arte en el año de 1753.

Los retablos son temáticos y exaltan las imágenes de San Ignacio de Loyola, la Virgen de Guadalupe, San Francisco Javier y San Juan Nepomuceno.

Debido a la riqueza estética que exhibe la iglesia tanto en su fachada como en su ornamentación interna, se le ha catalogado entre las máximas muestras del arte Barroco Churrigueresco en América.


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